Esta entrada procede de mi anterior blog (La cúspide de la Pirámide)
Verdadera o falsa; dos adjetivos calificativos usados por siglos en relación con las religiones. Una más de las causas de descrédito que ha ido minando al observador inteligente a lo largo del tiempo y a lo ancho de las geografías. Y el observador inteligente no es una “rara avis” que a modo de excepción se manifieste entre las masas de la ignorancia de la comodidad (la más peligrosa). Miles de millones de seres humanos cegados por la incapacidad de preguntarse sobre la verdad y caminar como borregos según silba el pastor han creído sentirse mejor como en una sensación de alivio por el hecho de pensar que la religión que seguían era la “unica y verdadera”.
Y así, aunque parezca increible millones de personas siguen en pleno siglo XXI, pensado que forman parte del club de los elegidos. Se llaman, por ejemplo, pueblo escogido de Dios. Llaman a los que no pertenecen al mismo credo, con palabras llenas de despotismo y autosuficiencia; les llaman “infileles” , “errados” …
Bien se han preocupado desde el poder de las iglesias u otras instituciones de poder, desde el sacerdocio, desde la dirigencia o desde lo que sea que se use para la opresión, de acallar las voces que clamaban en las superficies abiertas de libertad. Voces que llamaban a la reflexión objetiva; voces que pedían separar el grano de la paja, distinguir la cáscara del fruto. Y esas voces se han escuchado desde espacios cercanos a las grandes religiones, de todas sin excepción. Desde el cristianismo, hasta el islam pasando por el judaísmo, en todas han surgido mentes y voces que han llamado a la revisión, a la reflexión, al razonamiento. Pero otras voces, revestidas de ropajes fastuosos y enriquecidos con joyas en sus dedos han silenciado a los inquietos.
Un amigo muy querido me pregunta en broma: Ricardo, Si un tipo como Bush, tiene solo unos cuantos ministros, ¿porqué Dios que es “bastante” más omnipotente que Bush, necesita cientos de miles?
Fijaos como la palabra inquietos e inquisidores tienen la misma raíz.
Y sin embargo,los inquietos son los remos de la civilización. Son aquellos que consiguen que el arca avance y eso es cierto en todas las disciplinas de la vida. En las ciencias, en las artes, en la filosofía.
Y sin embargo hay un hecho incuestionable, por encima de lo que diga cualquier líder: todas las religiones son falsas o bien todas son verdaderas.
Alguien dijo una vez: La luz brilla independientemente de la forma, color o materia de la lámpara que contiene la mecha y el aceite.
No hay mecha ni aceite (escritos, principios, reglas) mas imperfecto y débil que los que nos ofrecen las religiones. Sí, porque en sus inicios, ese mensaje es puro. Inmaculado. Lo encontramos en aquellas afirmaciones que se ven en todas ellas (religiones). Pero luego, el hombre, los hombres, lo interpretan a su conveniencia. Discuten y alteran, modifican y sutilmente con el paso del tiempo, la mecha y el aceite se ensucian, se corrompen . Finalmente la lámpara se apaga y en vez de luz, ofrece un humo desagradable y maloliente.
La religión, desde un punto de vista antropológico, es solamente una manifestación de los valores espirituales del ser humano. Estamos viviendo días en que muchas personas aburridas del despotismo religioso, buscan la verdad por sus propios medios; buscan alternativas a la afiliación al credo.
No es de extrañar que un líder como el Dalai Lama, afirme la necesidad de que los valores sean transmitidos, no desde el seno jerárquico de las religiones, sino desde los poderes laicos. En cambio, lastimosamente casi al mismo tiempo el Papa de los católicos, advierte sobre el peligro de los avances científicos.
A nosotros, creyentes o no, de una u otra religión, no nos queda mas remedio que agudizar nuestra inquietud y percepción y estar atentos en busca de la luz. Aunque luego seamos proscritos, y nos tachen de inquietos

