Se dijo así mismo – si miles y miles han vivido con sus enfermedades, yo también debo y puedo hacerlo.-
No tenía porque ser nada especialmente grave. Al fin y al cabo un porcentaje muy alto de la población que ha superado los 55 años, vive con eso. Y muchos otros, sufrían añadidos que incrementaban los riesgos. Ser hipertenso es una condición de vida, se dijo.
Sin embargo, estaba acostumbrado a escuchar su cuerpo; desde que de joven practicó yoga y meditación. Y su cuerpo le susurraba alertándole cuando debía hacer un esfuerzo. Le alertaba por la noche; en esos sueños cortos y despertares incómodos con dolor en el pecho. El despertar de su siesta, también era diferente. No las tenía todas consigo y para colmo, desconfiaba de esa medicación que ralentizaba el corazón. Demasiado lento, se decía.
Entonces es cuando pensó, que la vida podía escapársele en cualquier momento. Y llegó a la conclusión de que enfermar era como renacer a una nueva forma de vida. Que debía por todos los medios adaptar su vida a esa nueva circunstancia. Un montón de cosas, de golpe, dejaron de tener la importancia acostumbrada, para dejar paso a dos objetivos: Tratar de vivir lo máximo posible y darle a la vida un sentido de plenitud, que hasta entonces no era especialmente atendido. El sentido de su vida, tomaba ahora muchas más relevancia. Repasó sus antiguos esquemas para ver cuales de las cosas de peso, en realidad no pesaban tanto. Y se asombró al ver que estaba podando un montón de ramas a fin de ofrecer más energía a las principales. Ya solo quedaba un tronco y un par de ramas que ahora no tenían el estorbo de otras muchas a su alrededor. Les llegaba con mas eficacia tanto el viento refrescante, como el sol vivificador.
Ahora solo faltaba buscar los alambres suficientemente fuertes para torcer con la fuerza precisa, ni más ni menos, esas ramas de las cuales indudablemente llegaría a brotar un espeso follaje. Y como un verdadero artesano del bonsai, se propuso moldear la figura de su particular árbol de la vida.
En su mente, solo circulaba cíclicamente el deseo inquebrantable de ver florecer un fruto.
Luego, ya podría morir tranquilo.


“Cada minuto que vivimos es un milagro”. Eso dice mi padre y está en lo cierto, hay que aprender a soborear cada uno de esos minutos sin añorar el pasado y preocupándose del futuro únicamente lo preciso.
La vida son etapas, sólo asumiendo cada una de ellas podemos ser felices.
Caramba ,Ricardo, que bueno estan tus reflecciones , si yo hubiera sido regalado por la vida con la mitad de tu talento, me sentiria un hombre afortunado .Pero, como dice Baha’u'llah , …”" A algunos Dios da Dones en la medida de un galon y a otros lo que entra en una palma de la mano . A mi me dio de esta ultima, pero de una amano con los dedos separados, asi que no quedo mucho .Pero lo acepto porque me dio el talento de ver la belleza que los demas guardan en su mente y corazon. Dentro de mi humana capacidad , por supuesto .
Tu amigo y fiel lector, Humberto.