En ocasiones la mente se comporta como un proyector que súbitamente, del modo más inesperado y sin que aparentemente pueda relacionarse con ese preciso instante que estamos viviendo, nos muestra un flash mental a modo de imagen-recuerdo, sensación-recuerdo o emoción-recuerdo.
Es algo que a veces me carga de emotividad y me trae al aquí y ahora cápsulas de felicidad de efecto instantáneo. En otras ocasiones, me incomoda y entonces surge la inevitable pregunta del -¿porqué ahora?
Las más de las veces son momentos del pasado que fueron intensos, tanto para bien como para mal, lo fueron. Ahora, ese eco, mueve a la consciencia del momento presente aquellas intensidades que se apagaron en el pasado y el hecho de aparecer sin previo aviso, motiva una inquietud analítica que pocas veces llega a conclusiones.
Cuando esta campanada es tañida en el centro de la mente, es como un túnel del tiempo momentáneo que no siempre es bien recibido, pero ahora, mira tú por donde, después de años sin saber que hacer con él, la magia de un teclado posibilita procesarlo y convertirlo en algo tangible, compartible y muy probablemente, o eso sospecho; terapéutico.
Quizás, sea un efecto de la soledad, que pugna por salir, del mismo modo que un grano crece en la piel hasta completar su ciclo en una secreción necesaria. Quizás se trate de que aquello que creemos que forma parte de nuestra intimidad, no sea otra cosa que el desecho de nuestras experiencias y consecuentemente deba ser excretado en forma de letras que abonan otras mentes, de modo parecido a como el estiércol fecunda nuestros campos.
Es algo que a veces me carga de emotividad y me trae al aquí y ahora cápsulas de felicidad de efecto instantáneo. En otras ocasiones, me incomoda y entonces surge la inevitable pregunta del -¿porqué ahora?
Las más de las veces son momentos del pasado que fueron intensos, tanto para bien como para mal, lo fueron. Ahora, ese eco, mueve a la consciencia del momento presente aquellas intensidades que se apagaron en el pasado y el hecho de aparecer sin previo aviso, motiva una inquietud analítica que pocas veces llega a conclusiones.
Cuando esta campanada es tañida en el centro de la mente, es como un túnel del tiempo momentáneo que no siempre es bien recibido, pero ahora, mira tú por donde, después de años sin saber que hacer con él, la magia de un teclado posibilita procesarlo y convertirlo en algo tangible, compartible y muy probablemente, o eso sospecho; terapéutico.
Quizás, sea un efecto de la soledad, que pugna por salir, del mismo modo que un grano crece en la piel hasta completar su ciclo en una secreción necesaria. Quizás se trate de que aquello que creemos que forma parte de nuestra intimidad, no sea otra cosa que el desecho de nuestras experiencias y consecuentemente deba ser excretado en forma de letras que abonan otras mentes, de modo parecido a como el estiércol fecunda nuestros campos.

Como te prometí he leído dos veces tu texto, merecía la pena.
Y te diré que efectivamente a todos nos asaltan los recuerdos, los buenos y los malos recuerdos, yo en ese momento lo que hago es distraer mi mente con otra cosa porque he llegado a la conclusión de que mirando hacia atrás lo más seguro es que al seguir andando me de con algo en plena nariz. Pero cada persona es un mundo y tenemos unas necesidades y deberes distintos para con nosotros mismos.
Será enriquecedor para aquellos que te leemos el que nos transmitas parte de ti.